
¿Quiénes somos?
Nace “La Sociedad Gnóstica Samael Aun Weor” del seno mismo de las instituciones internacionales fundadas por el V. M. Samael Aun Weor, como una necesidad urgente de restituir en cada uno de nos aquel “espíritu gnóstico iniciático” que tanto animó a los primeros discípulos del Maestro, y que por una razón muy justificada, la de difusión y expansión del mensaje gnóstico, sentíamos que tal espíritu lo estábamos perdiendo.
Por ello se funda “La Sociedad Gnóstica Samael Aun Weor” en Roma, Italia, un 14 de octubre de 1999, con el sincero anhelo de retomar el “espíritu gnóstico iniciático” que para nuestro Maestro Samael fue y es hoy el principal objetivo de su misión en este planeta. Y después de esta necesaria consideración y revalorización que también definió nuestro objetivo gnóstico, sentimos entonces que podíamos entrar al nuevo siglo XXI de modo completamente diferente. Por ejemplo, con un programa de trabajo gnóstico piramidal, que pasando por “Las Tres Cámaras del Templo y su orden interno” señala a todos en la Sociedad Gnóstica cuál es el camino a seguir hacia nuestro objetivo.
Y, por sentida afinidad esotérica, “los pocos” que comenzamos en “La Sociedad Gnóstica Samael Aun Weor”, nos hemos convertido en “muchos” a nivel internacional. Pero cuando de nuevo nos confrontamos con este “espíritu gnóstico iniciático” que con tanto amor nos ha legado el V. M. Samael Aun Weor a través de su camino, entonces de nuevo descubrimos asombrados que no eran suficientes los esfuerzos íntimos que “los pocos” estábamos haciendo. Que, por los méritos que concede el sacrificio por la humanidad en el camino gnóstico, era necesario sumar esfuerzos colectivos a nivel local, nacional e internacional. Por ello comienza para nosotros la era de los “retiros espirituales”, siempre centrados en nuestro principal objetivo gnóstico. Y es ahora que comenzamos a contar con estudiantes gnósticos dispuestos a vivir las llamadas ordalías del camino Iniciático. Por ello y para ello existe hoy “La Sociedad Gnóstica Samael Aun Weor”.

La asociación gnóstica
“Legalmente somos una “Asociación Gnóstica”. Pero esotéricamente somos “La Sociedad Gnóstica Samael Aun Weor”, y en esto hay una diferencia fundamental para nosotros.

Una “Asociación Gnóstica”, cualquiera sea su nombre, nos representa legalmente ante las autoridades de cada país. Y de tales siglas nos interesa destacar que somos una “Asociación Cultural” que se ocupa del estudio de la “Antropología Gnóstica o Psicoanalítica”, tal como la definiera su fundador, el V. M. Samael Aun Weor. Por ello su nombre legal varía en cada país según las circunstancias. Obviamente nosotros sugerimos las posibles siglas, siendo un mismo logotipo (Pegaso y rostro del V. M. Samael Aun Weor) el que hace de común denominador.

Sin embargo, es “La Sociedad Gnóstica Samael Aun Weor”, sin forma legal, la que con su espíritu nos une en un mismo objetivo. Pretendiendo que este espíritu sea el mismo que inspiró la propia obra interior de nuestro gurú, el Venerable Maestro Samael. Por ello, nada hay que quitar o actualizar de su mensaje gnóstico, por el contrario es nuestro deber aplicar vivamente su enseñanza.”
Como las Sociedades Esotéricas…
“Tengamos presente que las verdaderas Sociedades Iniciáticas, Órdenes o Escuelas de Misterios no tenían ni tienen hoy personalidad jurídica en el mundo físico. De este modo se podían organizar con los tradicionales sistemas esotéricos, donde el ritual y la liturgia obligaban a tener siempre presente, en sus pequeñas y grandes decisiones, la voluntad superior de las grandes jerarquías de la Logia Blanca. De este modo, la sagrada doctrina de la autorrealización siempre estaba presente, jamás se apartaba para dar paso a las influencias profanas.”
“Espíritu gnóstico Iniciático” del V. M. Samael Aun Weor
1. En este camino, mis queridos hermanos, hay procesos dolorosos, muy dolorosos; el que quiera empezar con éxito debe empezar con algunos sacrificios físicos, disciplinarios…
2. Yo empecé en mi actual existencia caminándome algunos países enteros a pie sin cinco centavos entre la bolsa, durmiendo por las montañas envuelto entre mis propios “trapos” para desafiar la plaga. Llegando a los pueblos sin dinero o bien acostándome por ahí, debajo de los “aleros” de las casas (cuando tenían tales techos o “aleros”, porque ahora las edificaciones se han vuelto tan crueles que si le cae a uno la lluvia, no tiene más remedio que soportarla; ¡así es la crueldad de estos tiempos!)…
3. Y no me pesa haber caminado sin dinero países enteros, no me pesa haber sufrido la tormenta y los huracanes, no me pesa haber llegado a los pueblos donde nadie me conocía, y sin un céntimo entre la bolsa… Así empecé, y mucho que me sirvió. Yo empecé en una forma natural; mi Padre que está en Secreto quiso que así empezara, y así empecé; a otros les ha tocado empezar así porque su Gurú así lo ha establecido para su bien…
4. En el proceso de desintegración del ego hemos de sangrar profundamente, y necesitamos lavar nuestros pies con la sangre del corazón, si es que queremos quedar completamente puros. La autorrealización íntima del Ser es muy grave, ¡gravísima! Ha de pasar uno por torturas espantosas: muchas veces tiene uno que renunciar a lo que más ama, tiene uno que estar dispuesto a perder lo más querido y —repito— lavar los pies con la sangre del corazón.
5. Necesita uno convertirse en algo diferente, en algo distinto; hasta la misma identidad personal debe perderse. Esto quiere decir que un día habremos muerto para nosotros mismos, porque nosotros nos habremos convertido en algo diferente.
6. Necesitamos volvernos distintos, diferentes, cambiar radicalmente; pero, ¿cómo podríamos cambiar totalmente si conserváramos nuestra actual identidad?
7. A mí me tocó también forjarme, en principio, en esta dura disciplina; mi Padre que está en Secreto así lo quiso. No lo había entendido; mucho más tarde, en el tiempo, lo entendí: Él había seguido conmigo el mismo proceso que han seguido todos los “Gurujis” de los tiempos idos, que sometían a los estudiantes, primero que todo, a esas duras pruebas, y no hay duda de que fueron magníficos los estudiantes que por las mismas pasaron…”.
8. Todo hombre debe decidir, una vez en su vida, si se lanza a triunfar arriesgándolo todo, o se sienta a contemplar el paso de los triunfadores.